Bitácora de la comunidad
Crónica de una quedada online que terminó en un mural colectivo bastante raro
La consigna llegó un jueves por la tarde al tablero de la sala de ilustración: cada persona recibiría únicamente un fragmento recortado del dibujo anterior, sin acceso al conjunto, y tendría que continuarlo como pudiera. Nadie sabía qué había arriba ni qué vendría después. La quedada online empezó a las siete, con doce pantallas compartidas y bastante desorden en el chat.
Las primeras transiciones fueron un desastre, y eso era parte del plan. Alguien terminó una cabeza de pájaro con un torso de escalera mecánica; otro continuó esa escalera como si fuera una columna vertebral y añadió manos que la sujetaban. En mitad de la sesión, dos participantes descubrieron que habían dibujado el mismo tipo de ventana sin haberse puesto de acuerdo. Nadie lo corrigió. Se dejó.
Lo interesante no fue el resultado, sino cómo cada persona resolvía el fragmento que le tocaba. Hubo quien se aferró a la línea del borde para no perder el hilo, y quien decidió ignorarla por completo y empezar de cero dentro de su trozo. Ambas estrategias funcionaron. En el tablero quedaron los bocetos individuales junto a la pieza final, porque en este reto el proceso pesa tanto como el acabado.
Varios miembros comentaron después que la experiencia les ayudó a soltar la mano. Cuando no puedes controlar lo que hay al lado, dejas de buscar el dibujo perfecto y empiezas a reaccionar. Esa es, más o menos, la idea del cadáver exquisito dentro de la comunidad: menos vitrina y más taller compartido.
¿Quieres proponer una consigna para la próxima quedada? Escríbenos.
Sobre quien escribe esta crónica
Llevo tres años organizando las sesiones de dibujo en directo de Onecrowdly y moderando el tablero donde se suben los cadáveres exquisitos. Empecé dibujando en cuadernos de bolsillo durante los trayectos al trabajo y terminé coordinando el calendario de quedadas online porque me cansé de ver portafolios impecables sin ningún boceto detrás.
Mi parte del proceso suele ser la menos vistosa: cortar los fragmentos, decidir qué se tapa y qué se deja a la vista, y avisar a cada participante de qué tramo le toca continuar. También reviso que los comentarios del tablero sean concretos y no se queden en un "me gusta mucho". Cuando alguien se bloquea porque la transición que le llegó no tiene ningún sentido, suelo recordarle que ese es justo el punto del ejercicio.